“Estos son mis poderes”, dijo el Cardenal
Estábamos equivocados, pero algunos lo estaban más. Después de un mes de andadura, cuando instalamos el contador de visitas hicimos un cálculo de cuántos accesos podríamos tener en 30 días. A la vista de los primeros registros de acceso, pensamos que, al cabo de un mes, a lo sumo andaríamos por las 1.500 lecturas de nuestro humilde Correo de Escalona.
Hoy ya sabemos que no será así. Tenemos que reconocer que nos han fallado los cálculos. Pero les han fallado más a quienes, aunque lo nieguen, manifiestan en privado la incomodidad por nuestra presencia. Ya ven. El poder tiene fisuras por el que se escapan los “secretillos”.
En cualquier caso, el error en este caso es bueno, porque gracias a todos ustedes, este modesto periódico que hacemos gratis en Internet para servir de vehículo de información, entretenimiento y para aprender cosas juntos, ya ha superado ampliamente las 1.500 lecturas. De hecho, en dos semanas y dos días hemos pasado de 2.100 visitas en nuestro contador.
Ahora nos parece más que posible que lo que acabe por suceder sea que dupliquemos los cálculos iniciales. ¡Casi no lo podemos creer!
No se imaginan como agradecemos ese interés y ese respaldo. Se lo debemos a ustedes y vamos a expresar ese agradecimiento tratando de hacerlo mejor cada día. Pero eso sí, necesitamos su ayuda. Sin ustedes no somos nada. Les pedimos que sigan enviando mensajes a nuestro correo electrónico con los problemas que estiman que debemos estudiar o indagar. Y también que se animen a clicar nuestros anuncios o a insertar otros nuevos.
Cuentan que un día, cuando los poderosos de finales de la Edad Media ponían en entredicho el mando de los Reyes, el célebre Cardenal Cisneros los reunió y corriendo unas cortinas ante quienes osaban amenazar el poder delegado en su persona por la Corona, señaló a los cañones y exclamó: “¡Estos son mis poderes!”
Todos ustedes, con sus visitas y su interés son nuestros “cañones”. Son los poderes que podemos mostrar a quienes pudieran atreverse a intentar cortarnos las alas o a quienes pretendan que dejemos de luchar por una Escalona mejor, más unida, más justa y más solidaria. Y también más culta, más respetuosa con su medio ambiente y más próspera. Todo ello cabe en el mismo baúl.
Somos conscientes de que hay por ahí más de uno a quien le gustaría aplastar de un manotazo a esta “mosca cojonera” que revolotea sobre Escalona. ¡No podía ser de otro modo!
Para algunos los medios de comunicación sólo sirven cuando les sirven a ellos. No señalamos a nadie, pero seguro que hay quién se da por aludido. A alguno de ustedes no tardarán en llegar los ecos del cabreo. Será antes o después, pero llegarán. Ya nos dirán. Porque al final todo se acaba sabiendo. Hasta los pecadillos más íntimos.
En este discreto rincón de la galaxia Guttemberg -o mejor sería decir de la cibergalaxia Internet-, no nos casamos con nadie y desde el respeto a todo el mundo, a todos tiramos por igual de las orejas cuando lo merecen. Y no se imaginan como “chincha” eso a quien se cree por encima del resto.
Hay quien se piensa que los periodistas y quienes se dedican a informar, sean o no titulados en Periodismo, sirven para estar cantando loas a los poderosos o a quienes creen que lo son. En este país y en esta tierra hay auténticas legiones de “enteraos” que pretenden estar en posesión de la verdad.
Es cierto que en el mundo en que vivimos hay unos pocos de esos periodistas que a ellos les gustan. Son, junto con esos otros que se dedican a eso que se llama telebasura o periodismo basura, el cáncer de esa noble tarea. Quienes conocieron otro tiempo y otro periodismo no dejan de lamentar tal corrupción de un hermoso oficio.
Hace algunos años, un periodista manchego –de un pueblo de Ciudad Real, para mayor exactitud- de quien aprendieron todo lo que saben varias generaciones de profesionales de la información, repetía que los periodistas no están para elogiar a nadie por hacer las cosas bien, porque eso es lo que se espera de aquellos a quienes pagamos sus servicios de nuestro impuestos.
En cambio sostenía aquel orondo personaje que a quien lo hace mal hay que “zurrarle la badana” (en sentido figurado) hasta que mejore, como se hace (o se debería hacer de no ser por leyes torpemente redactadas) con el niño que no responde a lo que de él se espera.
No estamos propugnando aquí la violencia contra los críos o contra nadie. ¡Líbrenos Dios de algo así! Pero un tirón de orejas de vez en cuando tiene más poder educativo que 500 caprichos para ver si el nene quiere hacer lo que es debido. Y sucede lo mismo con aquellos que, en distintas esferas, detentan el poder o el mando. Tienen demasiada tendencia a la soberbia. Y un tirón de orejas de cuando en cuando les viene al pelo.
Es muy probable que si hubiese mayor transparencia en los actos de los poderosos –en sentido literal, porque son quienes detentan el poder- fuese más fácil no sospechar de algunas acciones poco claras, que parecen rayar en comportamientos poco ejemplares, como el amiguismo o el sectarismo (por no hablar de la corrupción o las corruptelas).
Basta pasear por Escalona para escuchar quejas en ese sentido. Seguramente no todas las quejas tienen razón de ser. Pero es probable que algunas si la tengan. Todos estamos al tanto de decisiones dudosas, carencias manifiestas y hasta rayas pintadas para que aparque a gusto el amiguete de turno en detrimento de otros vecinos. Son, y ya no se corta nadie en llamarlas de ese modo, alcaldadas.
En todo caso, si las quejas no responden a la realidad, como deseamos y esperamos la mayoría, basta con explicar cómo son en realidad las cosas. De ese modo, nos quedamos todos en paz y más a gusto. Sobre todo, porque la oscuridad y la opacidad no combinan demasiado bien con la representación de los ciudadanos y el uso de caudales públicos.
Ya hemos hablado en estas páginas en alguna ocasión de la virtud de la mujer del César y por ende del propio César. Pero seguimos viendo repetirse los mismos vicios –alguno de ellos poco edificantes-, que ayudan a que prosperen las dudas.
Decía hace unos días un anónimo comunicante, al amparo de un pseudónimo de timbres locales, que lo que deberíamos hacer es entrevistar a los políticos. A algunos nos sonaba conocido ese mensaje. Tener memoria es casi siempre una virtud.
En realidad, lo que deseaba conseguir el del mensaje –que seguramente es político y quizá de ringo rango- era que hiciésemos lo que los políticos siempre esperan: Ser su altavoz, pero no el de las cuitas de la gente. Lo que ocurre es que nosotros no circulamos por esa carretera.
No es que no queramos hablar con esos políticos que él menciona, sino que lo haremos cuando entendamos que interesa a la gente, y no cuando ellos necesiten lanzar a los cuatro vientos su propaganda. Para eso ya tienen órganos a sueldo.
Por ahora, nosotros a lo nuestro. Es decir, a darles a ustedes lo que entendemos que esperan. Como lo prueba su generoso interés. Y por eso, una vez más, tenemos que decir, ¡Muchas gracias!