viernes, 15 de mayo de 2009

Editorial

A pesar de que alguien se sorprenda, vamos en esta ocasión a elogiar al Ayuntamiento, aunque sea un poquito, por su iniciativa de este fin de semana, que aunque tímidamente, supone una aportación a la vida cultural de la Villa. Hace tiempo que pública y privadamente, individual o colectivamente, venimos reclamando más y mejores actividades culturales para el disfrute de los vecinos y también para que disfruten de una mayor calidad de vida.
En la medida en que la cultura es un alimento para el espíritu, se puede decir que contribuye a que tengamos una vida mejor y más rica.
Con todo, cabe formular algunas críticas, porque esto no es todo lo que cabe esperar en una localidad con una historia tan rica como la de Escalona y con personajes de gran lustre ligados, de uno u otro modo, a este pueblo.
Es la cultura, la de verdad, con mayúsculas, una de las grandes deudas que tienen los regidores municipales desde hace años con el pueblo.
Hace años, con ocasión de un acto público de carácter cultural, un antiguo regidor de Escalona espetaba a quien le sugería dedicar más y mejores esfuerzos a la actividad cultura una frase que por su tosquedad insultaba a la inteligencia.
“¡La cultura no interesa y además no da votos, bolo!”, decía con desparpajo el político de turno a su interlocutor. Suponían aquellas palabras, entre otras cosas, una expresión de profunda falta de respeto al buen gusto y hasta a la intuición de la gente.
¡Qué equivocado andaba el personaje de marras! Al acto que él pronosticaba que acudirían “cuatro gatos”, acudieron cerca de 300 personas y cuando vio las cámaras de la televisión y la ocasión de salir en la “caja tonta”, se le iluminaron las neuronas y le chispearon los ojos. Los políticos son así. ¡Qué le vamos a hacer!
Además, aquel Alcalde ni siquiera por esas aprendió la lección y siguió condenando a Escalona a una pseudocultura de andar por casa, que tenía en los bailes tipo coros y danzas de las fiestas y el mercadillo medieval sus máximas expresiones.
Su concepto de la cultura dejaba (y seguramente aún deja) mucho que desear. Era, por decirlo con un símil fácil de entender, lo que los emperadores romanos denominaron pan y circo.
Lo malo es que pasados unos años seguimos más o menos. Si cabe, un pelín mejor. Pero no cómo merecemos.
Este año, al mercadillo –que ahora se desdobla en infantil y senior- le han añadido sendas conferencias de otros tantos profesores universitarios, como quien le cuelga una cinta de raso a un ramillete de matas del campo para hacerlo más digno. Está bien, pero aún nos parece poco.
Escalona merece más y mejor. Y también más variado. La oferta cultural se sigue limitando a cuatro cosas para quedar bien con un par de asociaciones locales y para que los papis vean a sus vástagos sobre un escenario. Nada que objetar si además nos dan algo más. Pero no lo dan.
Quizás esa oposición tan preocupada por las cuentas debería preguntar a cuánto asciende el presupuesto municipal para asuntos culturales y cuántas actividades distintas, a parte de las que conocemos, están dispuestos a conceder y sufragar desde la Alcaldía. No todo va a ser preguntar por la limpieza de los cubos de basura.
Lo que pasa es que falta interés en moverse para hacer cosas de cierto fuste, que serían las que marcarían la diferencia en Escalona, por usar una expresión de moda.
Como falta interés para encabezar a tantas personas en el pueblo que se movilizarían de buen grado para empezar a reclamar en serio la propiedad del Palacio, que nunca debió dejar de ser del municipio de Escalona. No van a conseguir que dejemos de predicar ese mensaje.
De ese mal, que no es otra cosa que desidia, son cómplices los que mandan y los que quieren mandar un día. Unos por otros, la casa sigue sin barrer. Y el Palacio en manos ajenas.
Parece de broma que consideren un éxito haber logrado que los sábados por la mañana se pueda entrar al Palacio. Es casi una limosna de quien tiene abandonado ese impresionante inmueble.
Y también parece de coña marinera que estén arreglando las explanadas del exterior del Palacio, mientras esa fortaleza, que un día deslumbró a España, se sigue desmoronando poquito a poco a la vista de todos y sin que nadie mueva un dedo. Sinceramente, es una pena que tiene responsables.
Van a lograr, antes o después, que unos cuantos se unan y emprendan la campaña que deberían emprender los que mandan y los que se llaman oposición, por más que con esos pocos aires que demuestran no pasen de pantomima opositora.
Da risa ver a unos y otros discutir de política en los bares –o en el pleno-, y decirse de todo menos bonito en los foros esos del anonimato, mientras la nave va a ninguna parte. ¡Es una lástima!
Como lo es que la cultura ande con un traje tan raído. Porque eso es lo que sucede cuando se la limita a cuatro cosas y no se comprende que tiene muchas más expresiones. Pero claro, hoy por hoy, no se hace más que lo que se ve desde la carretera. O eso a lo que llamábamos pan y circo.
¡Ya vendrán tiempos mejores!