viernes, 3 de abril de 2009

Un poco de historia

ALCABÓN CONSERVA UNA ALMAZARA DEL SIGLO XV
El Correo
Alcabón.- Hay pueblos que conservan mejor que otros su cultura, sus tradiciones y sus monumentos. Incluso ciertas curiosidades históricas difíciles de catalogar. La localidad de Alcabón parece formar parte de ese tipo de lugares. Lo prueba la conservación de una almazara de los siglos XV y XVI dónde muchos pueden aprender las antiguas técnicas de molienda de la aceituna y elaboración de aceites. Y está ahí, muy cerca de Escalona.
Es verdad que con el paso del tiempo las técnicas empleadas en la industria alimentaria han avanzado, pero tampoco es ocioso conocer cómo, cuándo y de qué modos nuestros antepasados comenzaron a dar los rudimentarios pasos para producir una serie de artículos. Y en muchos casos, como es el del aceite, no hemos progresado tanto. Al menos cuando hablamos de aceites de calidad y ecológicos.
La almazara de Alcabón es un buen ejemplo. Muchos creen que es la más antigua de España. Al menos de esas características. Los registros sitúan su funcionamiento a pleno rendimiento en los siglos XV y XVI.
Pero son también muchos los que creen que se construyó mucho antes de esas fechas, «pues un dato fundamental es que lo trabajaron los árabes durante el dominio en el reino de Toledo y eso fue entre los siglos IX al XI»,, explica su propietario, Julio Jesús Gonzalo Valverde.
Lo más significativo y lo que diferencia el proceso antiguo del moderno es que para crear aceite comestible se separaba la aceituna del hueso y este último no se molía, lo cual contribuía a que el citado líquido fuera de «primerísima calidad».
«Ahora fundamentalmente se utilizan otro tipo de molinos, se elabora más cantidad, son más modernos pero se hace de manera totalmente distinta; se muele el hueso, absolutamente todo, se hace una pasta y luego con una centrifugadora se extrae el aceite», recordó el empresario. «Ellos el aceite lampante lo utilizaban, no para comer, sino para uso industrial, sin embargo ahora nos lo comemos», añadió.
Este hecho llama la atención cuando el visitante se adentra en estas instalaciones situadas frente el Ayuntamiento del municipio y dentro del denominado ‘Museo del aceite y el vino’ comienza a conocer todos los entresijos sobre cómo se originaban ambos productos alimenticios. A la entrada se encuentran los denominados ‘trojes’, espacios donde cada agricultor colocaba sus aceitunas. «Venían, la pesaban y la depositaban ahí en espera de pasarlas a moler».En la primera sala lo que pueden encontrarse son dos molinos con piedra volandera, donde se aprecia «que todavía no se les había ocurrido hacer una abertura para que saliera el aceite cuando molturaban o molían», algo que lleva también a pensar que es la almazara más antigua que se conoce en pie.
«Hay otra en un pueblo de Granada pero de sólo una prensa y un molino y yo creo que tiene la abertura hecha para que escurriera el aceite», explica Valverde. Los molinos como el de Alcabón son de origen sirio, pero la idea la trajeron consigo a Iberia los romanos y fundamentalmente la expandieron los musulmanes durante la existencia del Reino de Toledo.
«Se trata de un molino de fricción que tiene el giro en el eje de madera y cuya particularidad fundamental que tenían es que, a pesar del peso de la piedra, se podían regular en altura y no rompían el hueso de la aceituna, con lo cual obtenían un aceite de primerísima calidad», reiteró. En este mismo habitáculo hay un pozo del que se extraía agua, «que volcaban sobre la pileta y a través de un conducto cerámico iba a parar a una caldera de cobre que es donde calentaban el agua, luego lo echaban sobre las prensas para que el aceite se dilatara y corriera mejor».
Además en el suelo pueden percibirse los antiguos canales «que se inician en los pozos de decantación y es por donde ya sale el residuo a la alpechinera, que está en el patio», explica. En la siguiente habitación, la de mayores dimensiones, salta a la vista la presencia de dos prensas de viga arábiga, llamadas así porque fueron los árabes los encargados de perfeccionar este sistema.
Esas vigas se elaboraban en madera de castaño de grandes dimensiones (unos 14 metros).
Y lo que llama la atención es que, como explica el dueño, todas las piezas «son originales”, pues aunque todo estaba derruido y caído, lo único que han tendio que hacer es montar esas piezas. En cuanto al trabajo de la prensa, dice que “se montaban sobre el candil o piedra los capachos rellenos de pasta, se hacía una torre de capachos, se cerraba con la marrana o tablero, se empezaba a dar al tornillo y la viga empezaba a caer y a hacer presión, al mismo tiempo añadían el agua caliente que mantenían en esa caldera de cobre y así escurría el aceite sobre ese pocillo; y de ahí pasaba y decantaba sobre esa acequia, ahí quedaba el aceite arriba y lo recogían con cacillos». La caldera, añade, «es una pieza única», hecha a mano, «a base de estirar cobre y de remaches». Tiene unas dimensiones de 1,20 por 1,20 metros y es la original. Estaba soterrada bajo los escombros y de allí se rescató para su restauración. Otra curiosidad es el método de contabilidad de los antiguos trabajadores de la almazara. En la prensa hay una serie de orificios, «que marcaban con un palito», realizados para controlar «el número de cargas o aprietes que tenían que hacer en la jornada». Si en la primera prensa se obtenía aceite destinado a uso alimenticio, en la segunda lo que se conseguía era, «rompiendo hueso y todo, aceite lampante o no comestible que utilizaban para los candiles, lámparas de aceite, para hacer jabón o uso farmacéutico».Entre los utensilios decorativos del museo, los hay originales y procedentes de otras almazaras y entre ellos destaca una marrana y ciertos recipientes para medidas.
Algunos de éstos «se encontraron aquí y otros se han adquirido fuera, pero son de la misma época», explica el propietario. En cuanto al número de cántaros que debían entregarse a cada cosechero, los iban marcando con huellas en la pared y también pueden verse. La almazara alcabonera trabajaba «a maquila», o lo que es lo mismo, el pago era en especie. «El agricultor traía la aceituna y luego se llevaba el aceite, mientras que el dueño de la almazara se quedaba también con aceite a cambio. Pero no intercambiaban dinero».En cada ocasión se prensaban unos 250 kilogramos de pasta y se obtenían unos 35 kilos de aceite. En Alcabón, que antes era un municipio olivarero al cien por cien, hay constancia de hubo en tiempo cinco almazaras, ya desaparecidas. bodega. Por otro lado, en estas instalaciones había un tercer molino que desarmaron, utilizándose algunas de sus piedras para soporte de las tinajas de la bodega que hay a continuación, la cual data del siglo XVIII. Se mantiene en su estado de origen, pudiéndose contemplar el suelo intacto con las caídas hacia un pocillo central que apareció «debajo de un tomo de porquería de 50 centímetros, escarbando». Se trata de un lagar donde se volcaba la uva «y aquí mismo la pisaban, iba el mosto al pocillo, sacaban el mosto y toda la pulpa y con las garruchas que hay en las vigas de madera lo subían a las tinajas, las llenaban y las arrancaban a fermentar», explicó. Alrededor se conservan en su estado de origen 19 tinajas.Esta familia madrileña adquirió el edificio en 2008, después de que ya hubiera sido inaugurado en 2007 por el anterior propietario, que fue quien apostó por la restauración del mismo. Este museo puede visitarse por un precio de tres euros, aunque los grupos que demandan los servicios del restaurante que el matrimonio regenta sobre la almazara, efectúan el recorrido de manera gratuita.