Un mercado persa
Por A. Sabrido
La negociación de la financiación autonómica emprendida por el gobierno socialista ha convertido a la política nacional en un genuino mercado persa en el que cada cual va a ver si arrebata un pedazo mayor de tarta a su vecino.
En lugar de un país cohesionado, gracias a José Luis Rodríguez Zapatero parecemos cada vez más los herederos de las taifas que minaron la unidad de la poderosa España musulmana. Y lo que es peor, sus genialidades van a suponer una vez más el error de arrojar a la nación en manos de parias ideológicos, como el independentismo catalán que representa ERC.
Todo vale para Zapatero a cambio de mantenerse en el poder un par de añitos más aunque por el camino tenga que hipotecar el porvenir de toda una nación.
El presidente de los populares, Mariano Rajoy, ha calificado atinadamente de “subasta” y “chapuza” lo que se fragua entre Zapatero, varios de sus ministros, ese siniestro personaje que es José Montilla y los dirigentes separatistas catalanes (Puigcercós, Carod, etc.)
Rajoy ha dicho que el Gobierno «ha sido incapaz en cuatro años de resolver» este debate, cuando para repartir los recursos entre las comunidades sólo hace falta fijar un criterio, «el que sea», y consensuarlo con transparencia y «sentido común». Y por ello ha concluido que «no se puede improvisar, hacer las cosas por debajo de la mesa, o con un «a ver si te callo dándote 50 millones de euros más».
Pero es que ni siquiera todos los dirigentes del PSOE comulgan con las ruedas de molino que Zapatero quiere que traguen todos los españoles. El presidente castellano manchego, José María Barreda, es uno de los que ha señalado de modo más o menos abierto sus temores (quizá le cueste la cabeza política). En Extremadura, Madrid y otras regiones se han alzado voces serias que expresan dudas y hasta abiertas discrepancias.
Pero el “señor del talante” sólo quiere salir a flote, consciente de que este otoño se presenta complicado en materia parlamentaria si no paga el peaje que le exige la voracidad del regionalismo menos solidario. Y además parece que en el campo de la discrepancia va a quedar notoriamente desairado el catalanismo moderado, que ha sido vapuleado sin consideración por el leonés.
En su afán de alcanzar el acuerdo deprisa y corriendo, el propio Zapatero se ha rebajado a hablar y ofrecer el oro y el moro disponible en las arcas del Estado a los siniestros Puigcercós y Ridao, que representan a un partido ni siquiera mayoritario en su región. Todo vale en la España de las maravillas de Zapatero con tal de seguir residiendo en la Moncloa.
Y lo malo es que cunde en niveles inferiores del poder socialista ese ejemplo de este gobernante que ha sido capaz de prestarse al juego del político más sucio de Europa, Silvio Berlusconi, para hacerse una foto más junto a Barack Obama, manteniendo una conversación tan profunda como la que sigue: “¿La familia qué tal? ¡Bien, gracias!”
Lo que sucede es que Zapatero necesitaba madera para quemar en la hoguera de la vanidad y para revestirse de un aura de la que carece: la de estadista de talla internacional. Y a ese fin ha sido capaz de seguir el juego del impresentable Berlusconi.
Pero no parecen esos unos grandes méritos en política internacional, a no ser para que sus más firmes partidarios (cada día son más los que le critican sin tapujos dentro del PSOE) puedan darse a la autocomplacencia, aunque fuera, en nuestro país, estén cayendo verdaderos aguaceros de los que Zapatero es incapaz de resguardarnos por su manifiesta ineficacia.
Si recordamos el gran respeto y consideración conseguido en el exterior por políticos como Felipe González, lo de Zapatero, mendigando una silla de cumbre en cumbre y tiro porque me toca, no deja de resultar patético. España merece algo mejor que un primer ministro que empeña a la acción de nuestra diplomacia para que le hagan hueco por aquí y por allá.
Y lo que es peor, agradecido como está a que Berlusconi le haya puesto silla en un club del que no formamos parte, Zapatero va a contribuir a aplacar, siquiera por unos días, el escándalo de las “velinas”, o lo que es igual, a la golfería del decrépito y vergonzante jefe de gobierno que los italianos sea han dado. Es un modo de complicidad con este auténtico “capo” de la mafia transalpina.
Aunque lo peor de todo es que Zapatero, con su sonrisa simplona, no tiene nada que ofrecer en el G8, a no ser un país mucho peor que el que recibió, con unos indicadores económicos que ofrecen un panorama catatónico, en especial el que se refiere al paro rampante que alcanza ya a más de 4 millones de nuestros compatriotas.
Hasta la fecha, Zapatero y sus huestes no han sido capaces más que de aplicar paños calientes a un país que precisa cirugía mayor y una intensa colección de las más variadas terapias. Es difícil creer que algunos políticos extranjeros de fuste no hayan tenido que taparse el rostro en Italia para ocultar la hilaridad que deben provocar entre ellos las sonrojantes recetas contra la crisis de este leonés metido a líder del mundo mundial.
¡Y pensar que esta gloria que nos hemos dado como primer ministro tendrá que representar dentro de unos meses a toda una Unión Europea!
Porque si vergonzoso es que Berlusconi presida la Unión, con su apariencia de padrone de la Camorra y la Ndraghetta, preocupante resulta que tenga que hacerlo dentro de poco nuestro “despierto” primer ministro. Cabría exclamar algo como lo que sigue: ¡Tiembla Europa que llega nada menos que Zapatero a poner orden en tus asuntos!