miércoles, 15 de abril de 2009

Editorial

EL CORREO CUMPLE UN MES

El Correo cumple hoy su primer mes de existencia. En ese plazo hemos publicado 275 informaciones de distinto tipo, ilustradas con cerca de un millar de fotografías. Casi parece imposible.
Cuando no reunimos un puñado de amigos, a quienes sobre todo nos une el amor a informar a nuestros conciudadanos para abrir sus horizontes y el cariño a Escalona, no podíamos imaginar que en sólo 30 días íbamos a ser capaces de tanto.
Nos embarga la satisfacción pero no vamos a dormirnos en los laureles. Podemos prometer que tenemos cuerda para rato y que aún vamos a dar mucha guerra, dicho sea con fina ironía y sin el menor atisbo de mala leche.
Aunque algunos piensen que es ese sentimiento el que nos anima, sólo podemos asegurarles que nuestra única intención es colaborar para que Escalona sea un pueblo mejor, más bonito y donde vivir sea un verdadero placer. Todavía, por más que perjuren, no lo es. Al menos no tanto como nos gustaría que llegue a ser.
Somos conscientes de que al poder no le gusta nuestra existencia. No nos engañemos, no pasa sólo en Escalona. Sucede por todas partes. Los políticos, los de todas las fracciones, tienen poco afecto a la crítica. No les gusta ni siquiera la constructiva. Se la toman como algo personal. Y en eso demuestran que la democracia aún tiene poca base entre nosotros. Trataremos de que tenga más.
No vamos a cansarnos de predicar el respeto y la tolerancia. Son virtudes que, curiosamente, no figuran en ningún credo religioso. Quizá por eso, salvo contadas excepciones, los ministros de sus cultos no se prodigan en ellas.
Aquí vamos a recordárselo cada vez que sea menester. No nos vamos a callar. Las jerarquías, sean políticas o religiosas, aceptan de mal grado que les tire de las orejas. Por eso luego se llevan tan bien, aunque rivalicen por asuntos como el dinero o las imposiciones morales a los seres humanos. No hay más que verles en las procesiones, de la manita, aunque se tengan el mínimo afecto.
Y no hay más que echar un ojo a los obispos, condenando al fuego eterno a quien se divorcia, y haciendo bueno el matrimonio canónico de princesas casadas y luego divorciadas. O acusando de asesinas a las mujeres a quienes no les queda más que abortar, pero conviviendo con la pederastia como si tal cosa.
No somos ni de izquierda, ni de derecha. Ello, se pongan como se pongan, cada vez se lleva menos. El desinterés de las personas por la política corre casi paralelo al de los seres humanos por las religiones en lo que tienen de fanatismo. Lo que impera cada vez más, es el hastío ante quienes tratan de hacernos comulgar con ruedas de molino, desde el poder temporal o desde el que se pretende eterno. Son, que nadie se engañe, harina del mismo costal.
No obstante, vamos a defender la democracia con uñas y dientes. La auténtica, y no esa que se han inventado y han apañado a su medida unas supuestas élites dirigentes. La que pretenden es un nuevo tipo de aristocracia, entendida ésta en su significado etimológico y no como un asunto de nobles de rancio abolengo.
Y la llamamos así porque ellos mismos pretenden ser los mejores, “aristós” en griego, y se creen con derecho a gobernarnos a su antojo por esa razón. Lo malo es que con frecuencia meten la pata y demuestran ser tan humanos como el resto. Quizá si escucharan a los más humildes, les fueran y nos fueran mejor las cosas. Hay una sabiduría popular que da cien vueltas a la de los mejores abogados.
A partir de ahora vamos a poner mayor énfasis, si cabe, en las grandes reivindicaciones del pueblo. En primer lugar, mejores servicios. Al menos acordes con el nivel de impuestos que se pagan en los diferentes tributos. Y a continuación igualdad de todos. Una auténtica igualdad que no distinga a los escaloneros por la papeleta que depositaron en las urnas.
A propósito. Tenemos una cita en las urnas para el próximo mes de junio. Y desde aquí vamos a animar a la gente a que reflexione y a la hora de escoger a quiénes nos representarán en Europa, piense y calibre quiénes les han servido mejor, si es que les han servido. No pediremos el voto para nadie, pero ayudaremos a esa reflexión señalando qué hicieron unos y otros por la comunidad.
También vamos a animar a la gente a que empiece a organizarse para reclamar, pacíficamente como es natural, cosas que hace décadas que debían estar solucionadas. En primer lugar, la recuperación por la Villa de la propiedad del Castillo. Es una vergüenza para todo el pueblo que hoy por hoy no sea más que un “chalecito” con piscina al que nos permiten entrar los sábados un rato.
Los munícipes, si de verdad aprecian a su pueblo, debieran ser los primeros en apuntarse a ese movimiento e ir pensando los múltiples usos que el Palacio puede tener y la prosperidad que puede aportar a Escalona.
También debieran irse enterando de qué va a suponer en términos de impacto ecológico o paisajístico en Escalona la próxima construcción del tramo de autovía entre Maqueda y Ávila.
El campo de golf también merece algunas explicaciones públicas mejores que las que se han dado. Desde aquí vamos a pedirlas, empezando por la curiosa circunstancia de que sea la misma empresa la que enajenó los terrenos de la Fundación Sánchez Cabezudo en los que se construyo la Residencia, y la que ha trajinado las tierras en las que está el campo de golf de marras.
Del mismo modo, no vamos a permitir que se olvide que el paro crece cada día entre nosotros y hay que ingeniar remedios para que las personas subsistan con dignidad y puedan ganar el sustento. Sin mirar a quien votan.
No olvidaremos reclamar limpieza y mejoras para las calles, aunque la carretera esté más fea. Y seguridad. La seguridad y el orden público son indispensables para que los ciudadanos de Escalona puedan dormir tranquilos y para que quienes nos visitan no contemplen con espanto la basura regada por doquier.
Hay muchas cosas más. Por ejemplo la cultura. Tenemos biblioteca, pero como a un hijo recién nacido, hay que alimentarla. Y eso sólo se hace con libros. Hubo un arranque prometedor, en términos de programación de actos culturales, pero de un tiempo a esta parte parece haber perdido fuelle. Confiemos en que se reanimen. La cultura, aunque no lo parezca, es uno de los estímulos que el pueblo precisa.
Pero la cultura no es un espectáculo de coros y danzas o un mercadillo medieval de vez en cuando. Es teatro, cine, pintura, escritura, fotografía y muchas cosas más. Para que nuestros jóvenes, admirando la creación de otros, se animen a crear ellos. Y lo mismo en lo que toca a la ciencia y la tecnología.
Tampoco estaría mal recordar a algunos personajes más o menos conocidos de nuestra Villa. Por ejemplo, siendo el artista más destacado que ha dado Escalona, Pablo Pombo, nuestro pintor amigo y campechano, merece algún homenaje. Y desde luego una antológica. No creo que haya muchos escaloneros que cuelguen sus obras en catedrales, como las de Madrid o Cuenca, y figuren en museos y colecciones privadas con tanto merecimiento.
Y también a otras figuras señeras, como Luis Felipe Sánchez Cabezudo, Félix Rodríguez, el doctor Luis Torralba, Fernando Soldevilla o el Maestro Reollo. Quizá nuestros jóvenes, mirándose en aquellos hombres, aprendan que el trabajo, la educación y el esfuerzo es lo que se debe imitar.
El Correo de Escalona, en su humildad, no dejará de clamar por esas y otras cosas más. Como el respeto a los derechos de paso y la conservación de los caminos y vías pecuarias, y de modo particular las dos rutas jacobeas que atraviesan nuestra Villa –los caminos del Sureste y Levante-, que además pueden suponer una aportación a la economía y la dignidad de nuestra localidad.