Oídos sordos de Zapatero al clamor sobre el aborto
Por E. Vázquez
Madrid.- El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha dado la orden de seguir adelante con la reforma de la ley del aborto tal y como está y de ese modo hacer oídos sordos al clamor popular que se elevó el sábado, en una gran manifestación.
Además, ha encargado al portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, la defensa del trámite parlamentario instándole a que centre sus intervenciones «en
el terreno de los valores y dejando claro quién está a favor de la defensa de la mujer».
La consigna es hacer oídos sordos a cualquier crítica o recomendación, incluso a las que han llegado desde las propias filas socialistas. De esta forma, personas de confianza de Zapatero se encargaron de acallar a José Bono. Parece que otro tanto ha sucedido con el presidente castellano manchego, José María Barreda, o el extremeño.
Bono, además de solicitar «consenso y un gran acuerdo» sobre el aborto, situó su posición personal sobre la cuestión en línea con la del grupo Cristianos Socialistas que defiende, en un manifiesto vetado por la dirección del partido, que «no puede haber un derecho al aborto» y que solicita al estado «una protección más exigente del no nacido».
En línea con la otra línea, ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, ha estimado que muchos socialistas han visto en la enorme protesta ciudadana que la mayoría de los asistentes «se manifestaban contra Zapatero» pidiendo «su dimisión en un ambiente muy agresivo» y no contra el aborto ni contra el proyecto de ley.
Otro ministro que ha hecho su personal interpretación es de Justicia, Francisco Caamaño, quien as
eguraba que «el Gobierno va a escuchar la voz de la ciudadanía, pero a través de sus representantes, en el Congreso y en el Senado».
El PSOE de Zapatero, que no es todo el PSOE, se ha encastillado en la presunción de que la que ellos defiende «es la mejor ley posible» como sostiene con ardor su secretaria de Organización, la inefable Leire Pajín, quien ha confirmado que seguirán adelante con el proyecto de ley porque «ha surgido de un amplio consenso con los colectivos consultados y porque es muy similar a las normas de nuestros países vecinos» y por eso se debatirá en el Parlamento «tal y como está».
Pajín ignora los planteamientos de Socialistas Cristianos y no pierde oportunidad de arremeter contra el PP. Será «difícil negociar con alguien que ha dicho que para el consenso hay que retirar la ley», sostiene y reta a Esperanza Aguirre y a María Dolores de Cospedal, a que digan «si están de acuerdo en que las mujeres vayan a la cárcel por decidir voluntariamente sobre su maternidad».
Se trata de una afirmación bastante demagógica, puesto que desde 1985, no se recuerda que ninguna mujer haya estado en prisión por abortar.
Desde el PP, la réplica la ha dado la portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha dicho que si ganan las elecciones, modificarán la ley de aborto, sin especificar en qué apartados.
Antes, dijo, el PP enmendará primero a la totalidad el proyecto de ley, que intentará después que no se apruebe y que si prospera lo llevará al Tribunal Constitucional.
Pero muchos recuerdan que en los ochenta hizo otro tanto con la anterior ley y en 1996, cuando ganó las elecciones, no la derogó, ni cambió una coma en los ocho años de Gobierno de José María Aznar.
El que fuese ministro de Interior de Aznar y ahora eurodiputado del PP, Jaime Mayor Oreja, ha lamentado en unas declaraciones radiofónicas que en esos ocho años no se aboliera la ley que todavía está en vigor y que se hubiera "mirado hacia otro lado" en el tema del aborto.
Lo que si está claro es que, una vez más, la ley de aborto es una de las monedas de cambio de Zapatero para con los partidos minoritarios de izquierda, como IU y Esquerra Republicana de Cataluña, que condicionan otros apoyos a que se mantengan los actuales extremos.
Madrid.- El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha dado la orden de seguir adelante con la reforma de la ley del aborto tal y como está y de ese modo hacer oídos sordos al clamor popular que se elevó el sábado, en una gran manifestación.
Además, ha encargado al portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, la defensa del trámite parlamentario instándole a que centre sus intervenciones «en

La consigna es hacer oídos sordos a cualquier crítica o recomendación, incluso a las que han llegado desde las propias filas socialistas. De esta forma, personas de confianza de Zapatero se encargaron de acallar a José Bono. Parece que otro tanto ha sucedido con el presidente castellano manchego, José María Barreda, o el extremeño.
Bono, además de solicitar «consenso y un gran acuerdo» sobre el aborto, situó su posición personal sobre la cuestión en línea con la del grupo Cristianos Socialistas que defiende, en un manifiesto vetado por la dirección del partido, que «no puede haber un derecho al aborto» y que solicita al estado «una protección más exigente del no nacido».
En línea con la otra línea, ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, ha estimado que muchos socialistas han visto en la enorme protesta ciudadana que la mayoría de los asistentes «se manifestaban contra Zapatero» pidiendo «su dimisión en un ambiente muy agresivo» y no contra el aborto ni contra el proyecto de ley.
Otro ministro que ha hecho su personal interpretación es de Justicia, Francisco Caamaño, quien as

El PSOE de Zapatero, que no es todo el PSOE, se ha encastillado en la presunción de que la que ellos defiende «es la mejor ley posible» como sostiene con ardor su secretaria de Organización, la inefable Leire Pajín, quien ha confirmado que seguirán adelante con el proyecto de ley porque «ha surgido de un amplio consenso con los colectivos consultados y porque es muy similar a las normas de nuestros países vecinos» y por eso se debatirá en el Parlamento «tal y como está».
Pajín ignora los planteamientos de Socialistas Cristianos y no pierde oportunidad de arremeter contra el PP. Será «difícil negociar con alguien que ha dicho que para el consenso hay que retirar la ley», sostiene y reta a Esperanza Aguirre y a María Dolores de Cospedal, a que digan «si están de acuerdo en que las mujeres vayan a la cárcel por decidir voluntariamente sobre su maternidad».
Se trata de una afirmación bastante demagógica, puesto que desde 1985, no se recuerda que ninguna mujer haya estado en prisión por abortar.

Antes, dijo, el PP enmendará primero a la totalidad el proyecto de ley, que intentará después que no se apruebe y que si prospera lo llevará al Tribunal Constitucional.
Pero muchos recuerdan que en los ochenta hizo otro tanto con la anterior ley y en 1996, cuando ganó las elecciones, no la derogó, ni cambió una coma en los ocho años de Gobierno de José María Aznar.
El que fuese ministro de Interior de Aznar y ahora eurodiputado del PP, Jaime Mayor Oreja, ha lamentado en unas declaraciones radiofónicas que en esos ocho años no se aboliera la ley que todavía está en vigor y que se hubiera "mirado hacia otro lado" en el tema del aborto.
Lo que si está claro es que, una vez más, la ley de aborto es una de las monedas de cambio de Zapatero para con los partidos minoritarios de izquierda, como IU y Esquerra Republicana de Cataluña, que condicionan otros apoyos a que se mantengan los actuales extremos.