sábado, 13 de marzo de 2010

Con pluma ajena

Cospedal, entre dos mundos

Por Federico Quevedo
Desde que llegó a la secretaría general del PP en aquel Congreso de Valencia en el verano de 2008, no ha dejado de estar en el ojo del huracán. Fue, sin duda, la gran novedad, la sorpresa de aquel cónclave popular que pasará a la historia de ese partido por ser uno de los que más tensiones generó y, junto a aquel otro de Sevilla en 1989, el que condujo a los mayores cambios en la medida que implicaba la superación del aznarismo y su sustitución por el marianismo.
Dos estilos distintos y distantes de hacer política, probablemente cada uno de ellos acertado en su momento, pero sin duda contrapuestos. Rajoy apostó entonces por un equipo de jóvenes promesas que sin embargo no llegaba a romper del todo con el pasado gracias a la incorporación, también, de algunos elementos de la llamada vieja guardia, pero entre todo ese equilibrio sobresalían tres mujeres que se convertían, de alguna manera, en la guardia de corps de Rajoy -que de esa manera rompía, también, con tradiciones del pasado en el que los puestos clave eran ocupados por hombres-, y entre esas tres la que sin duda suponía una novedad y toda una audaz apuesta era una joven abogada del Estado, albaceteña, madre soltera -ahora casada-, mucho carácter y no menos ambición llamada María Dolores de Cospedal.
Las otras dos, ya se imaginan ustedes, eran una, también, joven abogada del Estado con la que Rajoy ya había trabajado en su época del Gobierno y a la que le unía -y le une- una especial amistad y una compenetrada visión política, Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP en el Congreso, y una también joven política madrileña con larga experiencia en tareas de organización interna del PP y a la que Rajoy ya había conocido en esos menesteres, que de alguna manera vendría a cubrir las espaldas de un Javier Arenas demasiado volcado en su campaña política andaluza: Ana Mato Adróver, vicesecretaria de Organización.
El nombramiento de Ana Mato no fue una sorpresa en la medida que siempre ha jugado un papel fundamental en la organización interna del Partido Popular y Rajoy necesitaba a alguien que pudiera controlar las organizaciones territoriales, como tampoco lo fue, unas semanas antes, el de Soraya Sáenz de Santamaría en un puesto sin duda clave para la estrategia de Rajoy: el control del Grupo Parlamentario como portavoz del mismo. Sobre las tres pivotaba, prácticamente, todo el grueso de la organización política, pero sin duda quien más expectación generaba -por el desconocimiento que de ella había hasta ese momento, pese a haber sido consejera de la Comunidad de Madrid- era Cospedal.
Una María Dolores de Cospedal que venía de poner en serios apuros la mayoría parlamentaria del PSOE en Castilla-La Mancha y que por primera vez en mucho tiempo había conseguido trasladar la sensación de que el PP castellano-manchego tenía liderazgo y posibilidades. Precisamente por esa razón, y porque el PP en aquella Comunidad llevaba mucho tiempo viendo cómo sus propios votantes se decantaban por su adversario político y ahora tenía la oportunidad de darle la vuelta a esa situación, fue por lo que Cospedal aceptó el encargo de Rajoy de ocuparse de la Secretaría General del PP con la condición de mantener el cargo de presidenta del PP de Castilla-La Mancha y candidata en las elecciones que se celebrarán en mayo de 2011. Y Rajoy aceptó, aun a sabiendas de que ese situarse entre dos mundos podría suponer alguna que otra contradicción en la labor política de su secretaria general, como de hecho ha ocurrido con dos asuntos no menores, como el del almacén nuclear y la reforma del estatuto de autonomía en lo referente a los trasvases. Pero tampoco excesivamente complicados para el PP, aunque tendrá que ser el tiempo -y las urnas- el que diga si ha tenido coste político para la secretaria general.
Pero donde de verdad había interés por ver actuar a María Dolores de Cospedal era en las cuestiones internas, y el llamado caso Gürtel vino a poner a prueba su capacidad de mando. Pues bien, por tres veces se impuso de manera clara y contundente a la opinión de algunos miembros de la vieja guardia en decisiones que afectaban a personas muy destacadas del PP: hizo caer a Gerardo Galeote de la lista europea, tardó pero consiguió que Luis Bárcenas dejara su cargo de tesorero, y se impuso al PP de Valencia para que Ricardo Costa dejara su puesto de secretario general. Contado así parece sencillo, pero cada una de estas decisiones, tomadas de pleno acuerdo con Mariano Rajoy, le han supuesto un indudable coste y un desgaste considerable, que sin embargo Cospedal ha sabido llevar consciente de que su responsabilidad le exigía más sacrificios que ventajas.
En sus manos está, ahora, que el Comité de Garantías se atenga estrictamente a la opinión de los instructores en las causas de Cobo y Costa -un año de suspensión de militancia- o aceptar la medida de gracia que sugieren algunos en el PP y dejar esa sentencia en la mitad. Todo esto le ha hecho crecer como figura política en el PP y le ha dotado de una madurez que Rajoy aprecia en público y en privado.
Pero también ha hecho ganarse enemigos, sobre todo entre algunos de los represaliados por su implicación en el Gürtel, como el ex tesorero Luis Bárcenas, empeñado en ir contando a quien le quiera oír que los días de Cospedal están contados o que el nuevo gerente es un hombre cuestionado por la Dirección del PP.
Bárcenas se siente respaldado por sus antiguos compañeros –y algún amigo-, hoy con sitio destacado en el Comité de Dirección y que, de hecho, se han opuesto a Cospedal en alguna de estas batallas de las que ha salido victoriosa, y que contribuyen a extender determinados rumores destinados a dañar la imagen de la número dos.
El propio Rajoy dejó claro hace bien poco en Toledo que Cospedal continuaría siendo secretaria general después de las elecciones autonómicas del próximo mayo de 2011, independientemente de que el PP gane o no esas elecciones. Unas elecciones que tanto el PP como el PSOE sólo pueden ganar por mayoría absoluta porque en aquella región ningún otro partido tiene opciones para entrar en el Parlamento: IU necesita obtener hasta un 6% de los votos en las provincias más accesibles para conseguir un diputado, y UPyD requiere porcentajes imposibles.
En un parlamento de 49 escaños, con los resultados de 2008, la izquierda de Cayo Lara hubiera necesitado que se ampliara el número de escaños a 75 para poder tener un asiento. Es más, tal es la peculiaridad de la Ley D’ont en Castilla-La Mancha, que puede darse el caso de que las lecciones las gane el PP en número de votos, pero gobierne el PSOE con uno o dos escaños más.
Pase lo que pase, Cospedal seguirá siendo secretaria general porque la única opción que contempla el PP es la de mejorar aún más sus resultados de 2008, y hoy por hoy las encuestas dicen que puede ganar -hasta con 10 puntos de ventaja-, porque el peor enemigo para Barreda se llama José Luis Rodríguez Zapatero.
¿Qué hará si gana? Compaginar la presidencia de la Junta con el cargo de secretaria general, hasta las elecciones generales suponiendo que Rodríguez agote la legislatura. Solo después de esas elecciones se podría abrir el melón de la sucesión de Cospedal, en un Congreso que, en principio, toca hacer en 2011 pero que Rajoy tiene la potestad de aplazar un año como ya hizo con el último, o de convocar para la fecha prevista con el único objetivo de confirmarle como candidato a las generales, sin tocar ni una sola de las piezas del puzzle de su partido.
¿Y quién puede ser su sustituto? Quien más ha peleado por ese puesto, al menos desde su equipo así se ha hecho circular, es el actual alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y, de hecho, es uno de los que tendría mayores posibilidades incluso entrando en el Gobierno, aunque, insisto, hoy por hoy el líder del PP no dedica ni medio segundo a semejante asunto, y sí muchas y largas horas a planificar con Cospedal, con Sáenz de Santamaría y con Ana Mato el futuro inmediato y la estrategia del partido. Y eso es lo que cuenta.

(Leído en El Confidencial de 13-3-2010)