martes, 15 de septiembre de 2009

Inmobiliario

El ladrillo, antiguo motor económico, causa de que España esté peor que la mayor parte de Europa

Por L. Doncel
Madrid.- En una reunión con los constructores de viviendas más importantes de España, la entonces ministra de Vivienda y ahora responsable de Defensa, Carme Chacón, dio un mensaje muy claro: que los promotores iban por el buen camino. "Nuestro sector inmobiliario es de los mejores del mundo. Vivimos un aterrizaje o ajuste suave", aseguró entre aplausos.
No hace ni dos años de aquello. Corría octubre de 2007 y ya eran perceptibles los síntomas de que el castillo de naipes construido ladrillo a ladrillo se empezaba a desmoronar.
El interlocutor del sector en aquella reunión era Fernando Martín, presidente de Martinsa-Fadesa y del G-14, el lobby sectorial. Un año después de presentarse en sociedad como responsable de lavar la cara a un sector con una imagen muy negativa, la inmobiliaria de Martín protagonizó la mayor suspensión de pagos de la historia empresarial española.
Chacón llevaba poco más de tres meses como ministra, pero ya se habían desplomado en Bolsa las empresas cotizadas del sector, capitaneadas por Astroc y las ventas, hasta entonces por las nubes, comenzaban a escasear. Mientras, se aferraba a la letanía de que los precios se ajustarían para crecer al ritmo de la inflación y que los excesos se solucionarían con una tímida ralentización del sector. Nada de esto ha ocurrido.
Dos años más tarde, el "aterrizaje suave" que vaticinaba Chacón y todo el Gobierno se ha convertido en uno de los principales lastres de la economía española y uno de los responsables de que la recesión se haya instalado con visos de quedarse por aquí mucho más tiempo que en los países vecinos. "España está inmersa en una deflación larga y dolorosa, que se manifestará en un desempleo muy elevado, que colapsará el mercado de la vivienda y llevará a la insolvencia bancaria general", cree el analista estadounidense John Mauldin.
En sus informes se leen frases que darían para titulares de la prensa sensacionalista: "España es la madre de todas las burbujas inmobiliarias"; "los inversores que piensan que la banca nacional es de las más sólidas de Europa están fumando crack"; "un desastre está a punto de suceder"...
Y lo cierto es que el stock de viviendas sin vender, que los más conservadores calculan en un millón, suponen un lastre para la recuperación del sector que sirvió de locomotora. Las salidas pasan ahora por absorber ese stock de pisos sin vender, un ajuste de precios -que organismos internacionales consideran hinchados en un 30%- y la reactivación del mercado financiero que dé aire a unas inmobiliarias ahogadas por las deudas y a los potenciales compradores, que no encuentras bancos dispuestos a conceder hipotecas.
Aunque la recuperación todavía queda lejos, hay señales de que el desplome de los indicadores inmobiliarios se ha detenido. El primer factor de optimismo es la caída en picado del Euríbor. El índice hipotecario lleva medio año encadenando mínimo tras mínimo. Y el ajuste beneficia tanto a las empresas que ven aligerar sus cargas financieras como a las familias que renuevan sus hipotecas a tipos mucho más bajos de los que contrataron.
Otro signo positivo, aunque muchos piensan que es un espejismo fruto de la especulación, es el repunte en Bolsa de las inmobiliarias. El caso más llamativo es el de Reyal-Urbis, que en tres semanas se revalorizó más del 250%. Los expertos apuntan a la especulación como principal motor de la subida bursátil de agosto. Pero parece que también hay sensación de que lo peor de la tormenta ya ha pasado. Las ventas han dejado de caer a plomo, pero el panorama del sector continúa siendo deprimente.
Tras una década de boom en la que el sector inmobiliario sirvió de locomotora para España, la vivienda sigue siendo inaccesible para grandes capas de la población, el mercado del alquiler minúsculo en comparación con el resto de Europa y los precios bajan, pero a ritmos demasiado lentos para quienes buscan un piso sin tener que estar pagando el resto de su vida.