lunes, 14 de septiembre de 2009

Editorial

Los polvos aquellos empiezan a convertirse en lodos

El comienzo del curso político ha hecho aflorar, como se esperaba, los problemas que se venían acumulando soterradamente en el país desde hace meses. El cabreo ciudadano -que tantos se empeñan en ignorar o negar-, está ahí y los medios de comunicación, incluso los más afines al poder, no pueden dejar de hacerse eco. El malestar alcanza a mucha gente dentro del PSOE, más de la que algunos piensan.
Sintomática es -a todas luces- la toma de posición del diario El País y el grupo Prisa en su conjunto de los últimos días. Las críticas al PSOE de Zapatero han arreciado en sus páginas, casi al tiempo que se percibe el distanciamiento entre muchos pesos pesados del socialismo y quienes hoy llevan las riendas del partido creado por Pablo Iglesias. La salida de ex ministros del partido o el grupo parlamentario, aunque discreta, no pasa desapercibida para nadie.
Sólo unos puñados de personajes carentes de criterio o agradecidos a las prebendas –no importa si se dan por aludidos- se atreven a callar o aplaudir los disparates que se acumulan y se multiplican en la política española desde hace meses. Los frentes abiertos ante Zapatero, o mejor las vías de agua en la nave que pilota –en la que viajamos aterrados todos-, empiezan a ser demasiados, muchos más desde luego de lo que el país precisa y el buen juicio aconseja.
El peor de todos los males es la gestión de la crisis económica. O la falta de gestión, según aprecian algunos. Ya que, por más que insista en lo contrario con su sonrisa el presidente, son muchos quienes perciben el rumbo errático, vacilante e improvisador que desde antes del veraneo se ha adueñado de las políticas con las que se intentan paliar los gravísimos problemas económicos. Y desde luego aumentan a diario quienes creen que las recetas no sólo no nos sacarán del pozo, sino que pueden hundirnos mucho más en él.
Por ejemplo, las subidas de impuestos que anuncian, que a diario rectifican a instancias de quienes serán los eventuales socios en el Parlamento y que, lejos de agilizar el consumo prometen desplomarlo mucho más y sumir en la miseria a miles de familias españolas. Si eso no es improvisar…
Sería cómico, de no ser porque es patético, que hace poco más de un año nos estuviese diciendo el propio Zapatero que éramos el país mejor preparado de la Unión para afrontar la crisis y que ahora, cuando nuestros socios más serios comienzan a ver la luz, nosotros sigamos en lo más oscuro del túnel. De tanto no querer ver la crisis, nos va a tocar verla más tiempo y más de cerca que la mayoría de nuestros vecinos. Y hasta Portugal, paradigma entre nosotros del que puede estar peor, ya ha comenzado a remontar el vuelo.
Pero no es lo único. Los graves errores en el manejo de un tema tan delicado como la política autonómica empiezan a aflorar con virulencia en Cataluña. Zapatero hizo concesiones en el nuevo Estatuto a los separatistas catalanes que difícilmente podrá hacer realidad si no es pasando por encima de organismos como el Tribunal Constitucional.
Asistimos estos días al lamentable espectáculo de grupúsculos –como es ERC- decididos a chantajear a un órgano vital del Estado para que se decante en el sentido de sus intereses, en vez de hacerlo del lado de la lógica y de lo que piensan la mayoría de los ciudadanos españoles. La unidad de España es algo con lo que no caben compadreos o concesiones (ya han olvidado muchos las “bromas” que nos gastamos con la banda terrorista ETA en 2006).
Lo sucedido el domingo en Arenys de Mar va mucho más allá del chiste o la chirigota. Se ha permitido llevar a efecto un referéndum declarado ilegal por los órganos jurisdiccionales, y ahora a ver quién es el guapo que para la cascada de consultas no menos ilegales con las que nos amenazan los extremistas en los que se ha apoyado Zapatero para mantenerse en su poltrona.
El diseño de un Estado complicado, como es el autonómico, exige mejores pilotos a los mandos. Se precisan los más “finos”, como diría algún destacado político socialista ahora “pre jubilado” para no chocar con quienes rigen su partido. No se puede jugar con algo tan delicado y que tantos quebraderos de cabeza ha causado en la historia de España, y menos por intereses espurios.
Como no se puede jugar en el panorama internacional mandando soldados a países como Afganistán (para hacerse el simpático con la primera potencia mundial) a efectuar misiones de reconstrucción en un sitio donde se vive una terrible guerra y además con unas instrucciones constrictivas.
Un reportaje emitido días atrás por la cadena Cuatro, del mismo grupo Prisa, nos ha puesto los pelos de punta sobre lo que nuestros soldados tienen que tragar a diario en cumplimiento de las órdenes que reciben de la ministra Chacón, que es lo mismo que decir del mismísimo Zapatero, de quien se la considera heredera.
Es cierto que en Afganistán -a diferencia de Irak-, nuestros soldados actúan bajo el paraguas moral de las Naciones Unidas. Pero no es menos cierto que mientras los soldados de otras naciones saben que participan en una guerra, a los nuestros se les imponen limitaciones y se le expone a riesgos indebidos porque nuestros políticos “se la quieren coger con papel de fumar”, en palabras de un veterano de ese conflicto.
Si no ha habido más víctimas españolas hasta ahora ha sido más por suerte y habilidad de nuestros hombres y mujeres en aquellas resecas tierras, que por cualquier otra circunstancia. Y además, como hemos sabido por ese reportaje, se da la paradoja de que tratamos de librar a aquel país de los fanáticos talibanes, pero el dinero que pagan nuestras tropas acaba en un alto porcentaje en manos de esos exaltados islamistas. Sólo esa circunstancia sería suficiente para que rodaran cabezas y no precisamente de los militares.
¡Qué decir de la gestión de la epidemia de la nueva gripe! Mientras todos los países de nuestro entorno se han preparado a conciencia para la llegada de la peor oleada, aquí andamos aún definiendo protocolos y haciendo cálculos de si es muy mortífera o no.
Pero no son éstos los únicos fracasos. Acaso entre los peores quepa ya reseñar la falta de políticas adecuadas para cambiar el rumbo de la nación en dos capítulos esenciales: acabar con la corrupción e instaurar una educación que nos coloque en unos años entre las naciones más desarrolladas de Europa.
La corrupción es el cáncer que corroe nuestros cimientos desde hace tiempo. Es un mal perfectamente diagnosticado y se conocen múltiples recetas para atajarlo, pero no se aplican las más adecuadas. ¿Por qué? La respuesta deberían dárnosla Zapatero y su gente. Y también Rajoy y la suya, porque corruptos hay en ambos partidos rivales.
Ahora andan calculando quién de ellos tiene más corruptos. Pero no es ese el problema. El problema es cómo se acaba con esa lacra que nos llena de vergüenza y saquea al Estado. Y también cómo se castiga adecuadamente a quienes caen en esas prácticas para desanimar a otros. En este aspecto somos una de las grandes vergüenzas de Europa, que nadie se engañe.
En cuanto a la educación, ha llegado la hora de aplicar en nuestra patria los sistemas que han hecho y hacen grandes a otras naciones europeas. Nada está por inventar en materia educativa. Lo que está es por aplicar entre nosotros. Y es en esa apuesta en la que España se juega el porvenir. Pero a día de hoy, en ese y otros asuntos, lo que parece contar para el inquilino de La Moncloa y quienes le secundan es el día a día y el ir tirando.