miércoles, 13 de mayo de 2009

Debate del Estado de la Nación

La crisis capitaliza un debate a cara de perro con un Zapatero abandonado por sus antiguos aliados

Por E. Vázquez
Madrid.- Seguramente ha sido uno de los debates del Estado de la Nación más agrios que recuerda el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Y no sólo por el tono de las críticas recibidas, sino por sentirse en la más absoluta soledad y únicamente arropado por los aplausos de su grupo parlamentario.
Además, la crisis se ha convertido en protagonista del debate en el país de las maravillas.
Ni siquiera el rosario de medidas anunciadas por Zapatero, algunas de ellas francamente atractivas, han conseguido calmar a las fieras que le aguardaban en el hemiciclo deseosas de coserle a dentelladas, como si fuera un nuevo David entre los leones.
La crisis no ha tardado en convertirse en tema central de la liturgia parlamentaria oficiada por el albaceteño Pepe Bono. Primero como eje central del discurso del inquilino de La Moncloa, y más tarde en la contestación y el cruce de réplicas y dúplicas con un Mariano Rajoy que parecía ver a su contrincante más sonado que de costumbre sobre el cuadrilátero.
La burbuja inmobiliaria, también llamada fiebre del ladrillo, ha sido la epidemia de gripe que planeaba sobre el Palacio de la Carrera de San Jerónimo desde antes incluso de que comenzase el espectáculo ante las cámaras.
Todo ha servido de arma arrojadiza entre nuestros políticos más conocidos: la economía, el terrorismo, el paro, la píldora del día siguiente… Todo ello regado convenientemente con acusaciones cruzadas de poco o nulo patriotismo.
Alguien ha dicho que el discurso de Zapatero más parecía el de una investidura que el del Estado de la Nación. Y seguramente era cierto. Pero lo que más ha cabreado a la oposición es la falta de autocrítica en el primer discurso zapateril. Y por ello le han zurrado a conciencia.
Rajoy, en el momento álgido le ha reclamado tres cosas a Zapatero: que diga la verdad, que no fantasee sobre las previsiones y que establezca un plan coherente con éstas. También le ha advertido que “el problema no soy yo, ni arregla el paro arremetiendo contra mí de una manera impropia de un presidente del Gobierno".
Aunque Zapatero protestaba de que Rajoy no había aportado ideas, lo cierto es que desde su primera intervención le ha exigido medidas concretas. Sobre todo varias reformas: laboral, educativa, de las pensiones y de la justicia.
Además, ha dicho que las medidas del Gobierno para salir de la crisis son "aisladas y fragmentarias" y no responden a un plan "global", que es lo que la economía española demanda. "De nada sirve que nos anuncie una nueva medida cada media hora si no es capaz de articularla en un proyecto global", le ha espetado.
No han faltado momentos de ironía gallega. Como cuando ha arrancado la sonrisa de muchos al decir que “después de escuchar la intervención ecuánime, equilibrada, presidencial y educada de Zapatero, me pregunto si no estoy siendo injusto con un hombre que es una bendición para España".
Zapatero, sin los papeles organizados de su primera intervención, ha respondido con menos brillantez y a medida que avanzaba el debate se le ha notado cansino y como si estuviese ansioso por terminar la faena.
Tampoco le han ahorrado una buena tanda de críticas los nacionalismos catalán y vasco. El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, ha planteado su intervención como una "moción de censura" a Zapatero, acusándole de pactar en Cataluña con ERC e ICV y en el País Vasco con el PP sólo "por el poder", y de que, para mantenerlo y ser reelegido, "escondió durante meses" la grave crisis económica que padece el país.
También le ha reprochado que haya dejado atrás dos activos "relevantes" de la anterior legislatura: el "talante" y la "España plural" para dar paso a la "uniformización". "Nuestro balance es negativo", dijo el portavoz de CiU al referirse a los contenidos de su intervención, de los que destacó no estar centrados en un simple balance o análisis, sino, de hecho, de una "moción de censura".
Ha concluido que "el país no está bien gobernado", ha pedido la "reforma laboral" y ha dicho que, si los agentes sociales no se ponen de acuerdo, el Gobierno no debe rehuir su responsabilidad y adoptar medidas para que "haya menos despedidos, más contratos y más estables".
En cuanto a Cataluña, Duran le ha manfiestado que una de las grandes decepciones es "la falta de constancia y coherencia" por parte del presidente del Gobierno, por lo que tildó de "muy difícil tomar en serio" sus compromisos. "Usted dio su palabra a Catalunya en todo lo que dice y representa el Estatuto y ha faltado a su palabra", ha dicho.
No menos patente se ha hecho el divorcio del PNV con Zapatero, con el culo aún escocido por lo sucedido en Euskadi. Josu Erkoreka ha advertido a Zapatero que su grupo no le hará concesiones, salvo las "estrictamente indispensables", y le ha acusado de "engañar" a todos "jugando al mismo tiempo partidas diferentes con barajas distintas". Erkoreka ha comparado a Zapatero con un piloto "despistado" y le ha preguntado adónde y con quién va en el actual momento.