sábado, 4 de abril de 2009

Nota del Editor

LUZ Y TAQUÍGRAFOS

Llegan hasta nosotros explicaciones verbales del Alcalde a propósito de algunas de las cuestiones que hemos expuesto en los últimos días.
No tenemos empacho en decir que estábamos equivocados al referir a nuestros lectores algunas de ellas. Y en disculparnos por hacernos eco del error.
Puede que la culpa no sea sólo nuestra. Acaso, si el Ayuntamiento comunicase esos asuntos de modo más solvente y eficaz, la rumorología que hace cundir esas cosas y alimenta “foros” y comentarios en las barras de bar tuviese menos credibilidad. Es sabido desde antiguo que nada ataja más los rumores que la luz y los taquígrafos.
Además, es privilegio de los administrados recibir información de quienes les administran o recabarla cuando no se la dan.
Con todo, la verdad debe primar sobre todas las cosas en el oficio de la información y por eso es de justicia hacernos eco de lo que nos dicen que no es correcto.
Parece ser que estábamos equivocados al informar de alguno de los proyectos de obras programadas por el Ayuntamiento dentro del presente plan para el Estímulo del Empleo.
El tramo en el que se acometerán obras de adecuación para convertirlo en paseo de viandantes (ojalá no de ruidosas motos) es el que une el Arroyo con el puente, o sea, lo que conocemos desde tiempo inmemorial como Calicantón.
No es que fuese la necesidad más perentoria de Escalona, pero más vale eso que lo que había cundido como rumor, es decir, la urbanización desde el puente hacia La Selva.
Ha sido el propio Alcalde quien ha explicado amable y verbalmente a uno de nuestros colaboradores, entre otros asuntos, que mientras él esté al frente de los destinos de Escalona, ese terreno de la antigua Tenería no será recalificado de rústico en urbanizable y por tanto nadie levantará ahí una urbanización, como temía un buen número de ciudadanos.
Es una satisfacción oír como al menos la Alcaldía asegura que no se prestará a una eventual operación especulativa en esos terrenos contiguos al río. La agresión paisajística, estimamos muchos, sería de suma gravedad. Casi tan imperdonable como aquella antigua tropelía de la venta del Palacio y la destrucción del Hospital, obra del último Ayuntamiento franquista.
Ojalá reine de una vez en Escalona la cordura de los munícipes en vez de la pasión recalificadora y esa extraña fiebre del oro que sembró una especie de cáncer en el pueblo capaz de alterar la faz de nuestras calles y de nuestros campos. Y además de alterarla a peor. El ladrillo, por más que insistan, no es el progreso (lo es para contadísimos bolsillos). Sólo el conocimiento lo es, tanto en su faceta tecnológica como en la cultural o creativa.
Nuestra Villa precisa de algo mejor que ese feo paisaje de las grúas y los andamios, por más que una parte de nuestros vecinos sean constructores. Es hora de darle a los ciudadanos algo mejor, por ejemplo hermosas obras públicas que perduren mucho tiempo y en las que los escaloneros disfruten de sus ratos de ocio y aprendan cosas que les sirvan para vivir mejor.
La Biblioteca ha sido uno de esos logros que merecen elogio. Hace años que se echaba de menos un espacio para los libros y el conocimiento en el lugar que vio venir al mundo a Don Juan Manuel (debemos insistir en que no fue Infante y sólo lo sigue siendo en la imaginación de algunos).
Aquel noble ambicioso y conspirador (no debió ser precisamente una alhaja) tiene el mérito de haber sido el padre de la prosa castellana. No exageramos. Nadie cuestionará que, aunque ninguna de sus obras sea El Quijote, si que puso las bases para que en este país comenzase a brotar una narrativa propia.
Merecerían mayor atención nuestra. Y acaso un modo de honrar a aquel personaje, en vez de inventar Infantados que no ostentó en vida, fuese crear un premio de narrativa en prosa o alguna iniciativa de esa especie. ¿Por qué no un centro de estudios o una fundación?
En estos tiempos de crisis es cuando los políticos deben ser más ingeniosos y ambiciosos. Su ambición, como es natural, debe ser para con la comunidad.
Escalona –lo hemos escuchado en más de una ocasión- tiene que “inventar” su “mina de oro”. Los de Lepe, que de tontos no tienen un pelo, se sacaron de la manga un día lo de las fresas; en el Jerte, que no les andan a la zaga, idearon lo de las cerezas… Hay múltiples ejemplos de “minas de oro” por ahí. Pero “mina de oro” para la mayoría, no para algún espabilado aislado.
Hace siglos que hemos tenido ahí unos activos mal utilizados. Fundamentalmente son el Alberche y el Palacio. Pero está también la historia.
Desde que tenemos memoria, en Escalona el que quería crear un negocio ponía un bar o montaba una empresa de construcción. O vendía sus viñas y olivares para hacer chalets. ¡Así nos han dejado el campo!
Quizá sea la hora de inventarse algo mejor y más lustroso. Pero el estímulo de un proyecto de ese calado corresponde al Ayuntamiento. Y hasta la fecha no hemos visto grandes proyectos de esa naturaleza en ninguna de las administraciones que se han sucedido. ¿Será esta Alcaldía la que le dé a Escalona lo que merece? Hacemos votos para que así sea.
Será preciso mover recursos, pero más que nada de carácter humano. Y de esos sobran. Conocemos bien la existencia de gente entusiasta. Lo que sucede es que antes hay que renunciar a esa dialéctica de derechas-izquierdas. Eso ya no se lleva. Entre otras razones, porque ni las derechas son ya como las antiguas derechas, ni las izquierdas tienen nada que ver con aquellas izquierdas de otro tiempo. ¿O es qué queda alguien que se lo crea?
Para un proyecto de futuro es preciso mover al pueblo, del primero al último. Y para eso no vale aquello de éste es de tal y aquel de cual. Somos todos de lo mismo: de Escalona. Viene a ser el espíritu que ha traído bajo el brazo el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama. Y parece que su mensaje comienza a calar por doquier. ¡Ojalá también en Escalona!

PS: Una última explicación, porque parece que aún no está claro el asunto. Lo repetiremos cuántas veces sea preciso: Criticar no es malquerer. Es un modo de ayudar. Los medios de información, incluso los más humildes, como el nuestro, tratan de ayudar cuando critican. Ese es el juego de la libertad. Lo que sucede es que la crítica debe hacerse desde el respeto y dando la cara. No al amparo del anonimato y por medio del insulto. ¡Dios quiera que esta vez se entienda mejor el mensaje!