A esos hombres que durante décadas dejaron sus manos, su alma y su vida en las tierras de labor
Segadores andalucesavanzan por los caminos;
hoz al hombro, peregrinos,
van a sudar el jornal.
Nada detiene sus pasos
en la cruenta madrugada;
luz en alma empañada
Manos ajadas de aceros
en guadañas dormidas;
cañas de mies esparcidas
sucumben en el trigal.
La tarde cubre de sombra,
garios, bieldos, aguaderas;
aperos, recias maderas
tesoro del fiel zagal.
Duras espaldas de bronce
cimbran carros somnolientos;
heridas curan los vientos
fingiendo por no llorar.
Asoma la noche suave
en los campos de Andalucía
segadores en cuadrilla
dormitan en el pajar.
José Luis Muñoz 18-07-01
