lunes, 20 de abril de 2009

Editorial

Rouco contra todo y contra todos

El cardenal Rouco Varela, líder de la Iglesia Católica española, debiera haber nacido muchos siglos atrás. A tenor de sus opiniones, este gallego de Lugo, de mirada torva y voz aguardentosa, hubiese hecho un mejor papel en plena Edad Media, cuando las jerarquías mandaban en vidas y haciendas y se atrevían a allanar el pensamiento de la gente con la amenaza de la hoguera.
Hubiera hecho como nadie el papel de Gran Inquisidor en los peores años de esa represión fanática. Lo malo es que Rouco pretende hacerlo ahora, cuando ya la gente se ha quitado de encima muchos temores y represiones.
Acaba de despacharse con unas cuantas de sus acostumbradas paridas. Al inaugurar la Asamblea del Episcopado español, que él preside, ha lanzado a los cuatro vientos una idea que, por si misma, demuestra el fanatismo de este clérigo pasado de rosca. “El crimen del aborto ensombrece la historia de la humanidad”, ha dicho y se ha quedado tan ancho.
Se refería a la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo que el Gobierno de Zapatero pretende sacar adelante antes del verano. Y se puede convenir que el país tiene asuntos más urgentes que resolver que ese, pero tras escuchar el mensaje de Rouco, tan lleno de ponzoña, dan ganas de darle la razón a los del ejecutivo aunque sea únicamente para chinchar al purpurado.
Rouco, que debe pensar que es el cielo quien le inspira, ha pedido a sus compañeros de episcopado y a cuantos les siguen a evangelizar sobre el derecho a la vida “desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”. O sea que, como decía Vicente Blasco Ibáñez, la Iglesia pretende seguir controlándonos como a marionetas desde antes de nacer hasta después de morir.
¡Vaya tela! ¡Ni un segundo de tregua nos dan Rouco y sus mariachis! Será por eso por lo que cada día más se hace más patente eso de que las iglesias se van quedando vacías y los curas ya no venden un saci (que como muchos no sabrán eran unos caramelos cutres y baratitos de hace años).
La verdad es que para cutre el mensaje de Rouco y quienes le jalean. Por ejemplo, otra de sus lindezas del día como es contraponer religión y ciudadanía en materia educativa. Viene a equiparar su eminencia moralidad y religión y a contraponerla con ciudadanía. Lo cual no deja de tener su martingala.
Porque no sabemos si debemos entender que es muy moral una Iglesia que se come a docenas los sapos de los actos pederastas y otros abusos de autoridad del mismo tenor, mientras juzga a sus semejantes por ser homosexuales, por verse abocados a deshacer embarazos y por aprender a ser mejores ciudadanos.
Moralidad, que no les quepa duda, es no erigirse en juez de nuestros semejantes, predicar la tolerancia y el respeto a las ideas ajenas y a las leyes y no imponer las de uno mismo a los otros mediante la violencia -como hicieron antaño- o la amenaza del fuego del averno, que es lo único que les queda ya.
Moralidad es, por ejemplo, no trincar pasta del Estado con cuyas ideas no se comulga, no servir al poderoso y por supuesto practicar la pobreza, como dejo dicho a los eclesiásticos el fundador de su doctrina. Pero la verdad es que del verdadero mensaje de Cristo queda poco en los aledaños del poder eclesial que representan Rouco y algún otro.
Son muchos quienes piensan que si el Cristo volviese al mundo, los tipos como Rouco serían quienes lo volverían a entregar para morir nuevamente en la cruz. O quizá en la cámara de gas o mediante inyección letal, que es más moderno.
Rouco, como el Caifás de otro tiempo, tiene su alma vendida a los mercaderes que pululan cerca de sus templos y se lleva francamente bien con la soldadesca romana de ahora. Los que son como el cardenal de Madrid no residen en el Pozo del Tío Raimundo o en las barriadas chabolistas. Y por supuesto atesoran cuanto pueden entre las paredes de templos y sacristías.
No condenan con claridad la pena de muerte, la guerra y otras salvajadas. Se doblegan ante el poder, como cuando hacen la vista gorda para casar en un templo a una princesa que antaño fue mujer casada y luego divorciada. Venden a buen precio las nulidades matrimoniales por cualquier motivo, pero eso sí, ponen el grito en el cielo cuando alguien opta por el matrimonio civil o el divorcio.
Porque en realidad, curas, obispos y cardenales como Rouco –y hasta el mismísimo Papa de Roma- están contra todo aquello que no controlan. Pero su antiguo rebaño de corderos ha comenzado a quitarse la venda y piensa ya por su cuenta. Y ellos siguen con su propia venda y no saben cómo quitársela.
¡Ah! Y no se pierdan la guinda del pastel. Dice Rouco a sus compadres que “no saldremos de la crisis económica hasta que no salgamos de la crisis moral". ¿Pero de qué moral habla? ¿De la suya o de la auténtica? Lo que tienen que hacer es dejar de estar contra todo y contra todos. Y ser un poco menos hipócrita, como denuncia su propia sobrina mientras enseña los regalos que Dios hizo a su anatomía desde la portada de Interviú.