sábado, 11 de abril de 2009

De Vinos

LOS CALDOS PREFERIDOS DEL CONDESTABLE
Por C. de Paz
Fueron los vinos preferidos en tiempos de los Reyes Católicos y el Emperador Carlos I. En torno al antiguo Alcázar-Palacio toledano, se vendían a buen precio al por mayor –entonces sólo se embotellaban en odres o garrafas- y se degustaban en tabernas y posadas, como la del Arco de la Sangre, que menciona Miguel de Cervantes en sus obras.
Los vinos de Escalona y de la Denominación de Origen Méntrida, a la que pertenecen tuvieron su época en el Medioevo. Son los vinos que sin duda degustó Don Álvaro de Luna, señor feudal de la mayor parte de las tierras en los que crecen las viñas del Méntrida. Y seguramente también fue aficionado Don Juan Manuel, el aristócrata más dado a la buena vida de su tiempo y gran aficionado a la caza, que a ciencia cierta regó con caldos de estas tierras.
Fue en época medieval cuando todas estas tierras fueron otorgadas por los reyes castellanos a los señores feudales para que se encargasen de gobernarlas y de repoblarlas. Antes habían sido de los musulmanes españoles, que elaboraron buenos vinos aunque el Corán desaconseja su consumo a los creyentes islámicos.
En Alcabón, a pocas leguas de la antigua y moderna Escalona, que administraba una familia de la nobleza mozárabe y años más tarde pasó a manos del poderoso arzobispado toledano, hay noticia de que se criaban vinos en el siglo XII.
Otro tanto sucede en Carrubios del Monte, primero señorío de don. Diego Gómez de Toledo y, luego de la familia materna de Fernando el Católico, los poderosos e intrigantes Enriquez. En Torrijos eran los Cárdenas, a quienes sus criados servían vinos de sus tierras, como era normal. Y es probable que el sobrante se vendiese.
Pero fue Don Álvaro de Luna el que poseyó más de estas tierras vinateras: Escalona, Maqueda, Castillo de Bayuela (o San Martín de Valdeiglesias, zona de vides vecina de la nuestra)… Y por eso es más fácil identificar los caldos de esta denominación con aquel poderoso valido del rey Juan II, padre de Isabel I de Castilla.
Eran los señores feudales quienes otorgaban cartas pueblas a sus vasallos en las que se determinaba qué tierras debían consagrarse al viñedo, al olivar, a los pastos o a las siembras. Ellos eran dueños de vidas y haciendas y por tanto recibían en especie una parte importante del pago de los impuestos con los que gravaban a sus vasallos.
Dicen los enólogos que las tierras sobre las que se asienta el viñedo de la Denominación de Origen Méntrida -una de las 12 denominaciones de La Mancha- es, en su mayor parte, propio de cultivos cerealistas, pero en partes marginadas, como laderas y zonas accidentadas donde predominan suelos de substrato muy arenoso, se muestra excelente para el cultivo de viñedo de calidad.
La DO Méntrida es una compacta zona de cultivo, formada por poco más de 10.000 hectáreas de viñedos. En el sur de la denominación, la vid se encuentra en la ribera norte del Tajo y de uno de sus afluentes, el Alberche. La orografía es casi llana, y estos ríos han alterado el paisaje formando barrancos y pequeños valles de suaves pendientes. Los suelos son arenosos de color rojizo-marrón, con base de arcilla y piedra caliza. Son pobres en material orgánico, pero retienen bien el agua.
Además, se da la característica de que esa pobreza de calcio en los suelos los hace idóneos para la producción de garnacha, la variedad de uva reina en esta Denominación.
Mediante la Orden de 2/2/1976 se reguló la Denominación de Origen y de ese modo quedaron protegidos todos los vinos de mesa de esta zona geográfica que reunían todas las características definidas en el Reglamento que su Consejo Regulador elaboró, quedando encargado dicho organismo de la defensa, aplicación y cumplimiento de este Reglamento, así como de la promoción y publicidad de los vinos elaborados.
La Denominación de Origen está situada en su mayor parte en el norte de la provincia de Toledo, en la Submeseta Sur Castellana, y pertenece a la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha.
La zona de producción de la D.O Méntrida, limita al norte con las provincias de Avila y Madrid, al sur con Toledo, al este con el río Tajo y con términos de la zona de la Sagra y al oeste con Talavera de la Reina.
La zona, eminentemente toledana, la integran 51 municipios: Albarreal de Tajo, Alcabón, Aldeaencabo, Almorox, Arcicollar, Barcience, Bargas, Burujón, Camarena, Camarenilla, Carmena, Carranque, Casar de Escalona, Casarrubios del Monte, Castillo de Bayuela, Cebolla, Los Cerralbos, Chozas de Canales, Domingo Pérez, Escalona, Escalonilla, Fuensalida, Gerindote, Hormigos, Huecas, Lucillos, Malpica, Maqueda, Méntrida, Montearagón, Nombela, Novés, Otero, Paredes, Pelahustán, Portillo, Quismondo, Real de San Vicente, Recas, Rielves, Santa Cruz del Retamar, Santa Olalla, Toledo, La Torre de Esteban Hambrán, Torrijos, Val de Santo Domingo, Valmojado, Las Ventas de Retamosa, Villamiel, El Viso y Yunclillos. Estos municipios pertenecen a tres comarcas agrarias de la provincia:I. Talavera con 7 municipiosII. Torrijos con 34 municipiosIII. Sagra-Toledo con 10.
Los vinos de la DO hasta ahora han sido de dos tipos rosados y tintos, principalmente jóvenes.
Los Rosados jóvenes son elaborados principalmente a partir de la variedad Garnacha, de cuya maceración más o menos prolongada del mosto con la piel de la uva se extrae su color característico rosado frambuesa. A continuación la fermentación se realiza en virgen en ausencia de los hollejos. Resultan vinos muy frescos y afrutados.
Los Tintos jóvenes son elaborados a partir de las variedades Garnacha y Cencibel o Tempranillo. Los vinos tintos jóvenes hasta hace poco, también han sido elaborados exclusivamente a partir de Garnacha, con previo despalillado y fermentación del mosto en presencia de los hollejos, presentando color cereza oscura. En nariz destaca la fruta madura y en boca se sienten carnosos cálidos y suaves.
En los últimos años, con la plantación en la zona de la variedad Cencibel, se tiende a elaborar vinos a partir de la mezcla de ésta con Garnacha, incluso monovarietales de Cencibel, obteniéndose vinos bien estructurados y equilibrados de gran calidad, con una gran aceptación por parte del consumidor.
Con la introducción de las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, una vez comprobada su buena adaptación, se están llevando a cabo elaboraciones que no han sido tradicionales en la zona y que están dando lugar a vinos nuevos, modernos y en la línea de la demanda actual del mercado. Aunque tradicionalmente se han elaborado vinos jóvenes, gracias precisamente a la introducción de las variedades mencionadas, que complementan perfectamente a nuestra Garnacha, se están empezando a elaborar vinos de Crianza, con gran acogida por parte del consumidor y despertando un gran interés entre los enólogos y entendidos del sector. Resultan vinos redondos, complejos y equilibrados que todavía conservan los aromas de la variedad de la que provienen, a los que se les suman los aromas propios de la madera.
Los vinos de Crianza deben tener un periodo de envejecimiento por un plazo mínimo de 24 meses, contados a partir del final del proceso de elaboración, de los que al menos seis habrán permanecido en envases de madera.
Los vinos de Reserva son aquellos que han tenido un periodo mínimo de envejecimiento de 36 meses, de los que al menos doce habrán permanecido en envases de madera.
La indicación de Gran Reserva, obliga a tener el vino un periodo mínimo de envejecimiento de cinco años de los cuales veinticuatro meses permanecerá en envases de madera y el resto en botella.
(Datos de contacto de la DO: Dirección: Avenida Cristo del Amparo, 16 –45510– Fuensalida, Toledo. Email: d.o.mentrida@domentrida.es . Teléfono: +34 925785185. Fax: +34 925784154)