domingo, 5 de abril de 2009

Con pluma ajena

Crisis en un Gobierno en crisis

Expansión -Opinión
La gravedad de la crisis parece no haber dejado más salida al presidente del Gobierno que la sustitución de algunos de sus ministros más desgastados.
Pasada ya la cita del G-20, con una cifra real de parados que supera los cuatro millones, según los datos de demandantes de empleo, y con unas previsiones de crecimiento en caída libre -el Banco de España acaba de anunciar un retroceso previsto de 3 puntos en el PIB-, a Zapatero no le habría quedado más remedio que admitir lo que ya se había convertido en un clamor entre los agentes sociales: el agotamiento de su vicepresidente económico, Pedro Solbes.
El otrora comisario europeo no asumió con voluntad la nueva legislatura. Vino impuesto por una decisión electoral de Zapatero, algo que se vio desde el primer momento y que no cuadraba con las exigencias de un cargo que debía mantener el impulso y la confianza en medio de la mayor recesión desde el crash del 29.
Pedro Solbes no ha sido capaz de impulsar reformas de éxito, ni de imponerse ante las decisiones más controvertidas de Zapatero, como ha sido un plan E que, tras costar 8.000 millones de euros no ha mostrado ninguna eficacia en la lucha contra el desempleo.
Sin embargo, no parece que los cambios ministeriales impulsados ahora por Zapatero puedan ser el revulsivo esperado por muchos como catalizador de la recuperación de confianza de los sectores económicos españoles. La ministra Salgado, que sería la encargada de sustituir a Solbes en el cargo, es una persona de confianza directa del propio vicepresidente y no figuraba en ninguna de las quinielas de potenciales ministros de Economía.
Reformas encabezadas por ella, como la del vino o la del tabaco, lejos de favorecer el empuje económico de determinados sectores, acabaron convirtiéndose en un foco de críticas a causa de los obstáculos al desarrollo de las exportaciones españolas. Habra que esperar a ver si Salgado encaja con el perfil de ideas nuevas reclamado por las empresas o, por el contrario, se queda en un nuevo intento de Zapatero de mantener ministros que acepten sus planteamientos de incremento del gasto público y de costes que, por el momento ya han devuelto a España a la etapa de los grandes déficits públicos.
El cargo de Manuel Chaves, hasta ahora presidente andaluz, como posible nuevo vicepresidente resulta claramente difícil de entender en esta línea de renovación que sería deseable para un Gobierno que se enfrenta a un cuadro de paro nunca visto en la historia española.
Chaves, que ha conseguido para Andalucía el pago de las deudas históricas por parte del Estado y que ha logrado sus pretensiones presupuestarias en su nuevo Estatuto, será ahora el responsable de cuadrar a las comunidades que no han obtenido ese trato beneficioso y de mejorar las relaciones del Ejecutivo con otras CCAA, especialmente con el gobierno de Cataluña presidido por Montilla.
La combinación de este nombramiento con la supuesta entrada en el Ejecutivo de José Blanco, ariete del PSOE contra los populares, tampoco parece garantizar la relajación de la tensión política ni el deseable acercamiento al PP en un contexto en el que las grandes políticas necesarias parecen exigir el consenso de los dos grandes partidos.

Publicado el 06-04-09 , por Expansión