sábado, 11 de abril de 2009

Ciudades para Enamorar

Santiago, más allá del apóstol

Por Cándido de Paz
Santiago de Compostela es la capital gallega desde 1982 y uno de los destinos turísticos más célebres de España. Es además la meca de los peregrinos jacobeos, tanto de los que caminan hasta Compostela como de los que se suben a un autobús del Inserso. Dicen allí que el Campo de las Estrellas, que es lo que significa Compostela, es muchas cosas más. La ciudad es paradigma de la hospitalidad gallega y del buen comer al estilo de los pobladores de aquellas verdes tierras.
Sus recoletas calles y plazas, en esta ciudad casi toda ella construida en granito, son un lugar ideal para enamorar, aseguran algunos viajeros. Hay una magia especial para las cosas del querer en una urbe de dimensiones razonables, que esconde leyendas y misterios casi a la vuelta de cada esquina. Es preciso animarse. El Xacobeo 2010 está a la vuelta de la esquina. El monumental centro histórico de la ciudad, rodeado de miradores y repleto de una acogedora gastronomía, es el lugar ideal para el "descanso del peregrino", tanto el que realiza el titánico esfuerzo de acudir caminando o en bici, como para los más comodones, que se suben en el avión, el tren o el autobús.
El origen de las peregrinaciones se remonta a los primeros años del siglo IX, cuando un ermitaño, Pelagio o Pelayo, comunicó al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, el descubirmiento del sepulcro de Santiago en un lugar donde se producían extraños fenómenos estelares. Nacía así el Campus Stellae, o Campo de las Estrellas.
Los reyes Alfonso II y Alfonso III levantan iglesias y fundan los monasterios de Antealtares y Pinario.
El culto a Santiago hace recelar a Almanzor que en el 997 arrasa e incendia Compostela llevándose a Córdoba las campanas. Más tarde la peregrinación llega a su auge y Alfonso VI inicia la catedral románica en el 1075. Pocos años después el conde don Ramón de Borgoña y Diego Gelmírez impulsan su construcción y la de otras iglesias, la ciudad crece y sus habitantes llegan a levantarse contra la reina doña Urraca y Gelmírez en 1117.
El Renacimiento entra de la mano de los Reyes Católicos y de la construcción del Hospital Real, hoy convertido en magnífico hotel. Por su parte, los arzobispos de la familia Fonseca dejan indeleble huella al fundar la Universidad, sufragar el espléndido claustro de la catedral y levantar el Colegio de Fonseca.
Llegar a Santiago tras caminar cientos kilómetros en menos de un mes, es una de las más impresionantes satisfacciones. Te sientes diferente pero siempre para bien", dice un veterano peregrino que ha recorrido en dos ocasiones el Camino Francés, el más conocido de todos, que parte de Roncesvalles y acaba en la Plaza del Obradoiro.
Pero la realidad es que no importa de dónde se haya partido. La sensación es la misma si se ha comenzado viaje en Sevilla a través de la Vía de la Plata; en Lisboa, donde nace el Camino Portugués; o en Hendaya, desde está el arranque del Camino del Norte.
Mucho más duro, y por tanto más reconfortante, si nos atenemos al testimonio del peregrino aludido, debe ser para quien sale de Alicante, a través del denominado Camino del Sureste, que pasa por mitad de Escalona, desde la Puerta del Río a la de San Miguel, siguiendo el trazado de un antiguo Camino Real de Castilla, como da testimonio el Repertorio de Villuga, la “guía Michelin” del siglo XV.
Todos esos caminos llevan ante la impresionante fachada renacentista de la sorprendente catedral románica de Santiago. Una sinfonía más de granito de las que se disfrutan en Compostela.
Su construcción comenzó en 1075 y fue trazada siguiendo el modelo francés, pero evolucionó para acoger otros estilos a medida que pasaban los siglos.
Es preciso atravesar ese hermosísimo porche al que denominamos Pórtico de la Gloria, obra del gran Maestro Mateo, para acceder a sus naves y luego, siguiendo el rito de muchos siglos, ir a la cripta a admirar el supuesto sepulcro del apóstol Santiago, en torno al cual se fundó la ciudad hacia el año 820.
Y decimos supuesto porque son muchos quienes piensan que el hombre santo que yace en aquella urna de plata y pedrería es el herético obispo Prisciliano de Ávila, que perdió la vida por predicar ideas peregrinas. Por ejemplo, que los eclesiásticos debían estar cerca de los más humildes, en vez de los poderosos, y que no había razón para excluir a las mujeres del culto.
Si el viajero anda atento, es posible que disfrute del vuelo del “botafumeiro”, probablemente el récord Guinness de los incensarios del mundo. Y desde luego, peregrino o turista, no pueden salir de allí sin dar un abrazo a la dorada imagen del Apóstol y sin darse unos cabezazos o “croques” en el Pórtico de la Gloria con la imagen pétrea de aquel a quien llamaron Hijo del Trueno, por su carácter impulsivo.
En el exterior, al pié de la escalinata del Obradoiro, el Museo permite visitar la conocida como Catedral Vieja, el Tesoro y las Reliquias, el Claustro, las salas de Arqueología, ricas colecciones de tapices, la sala Capitular, la Biblioteca y el Archivo. En la Biblioteca se guarda cuando no es utilizado el Botafumeiro. El Archivo, por su parte, conserva preciado códices, como el Códice Calixtino.
Si se sale de la catedral por el lado sur del crucero se encuentra la más antigua de las fachadas de la Catedral, la Porta de Praterías (Puerta de Platerías), labrada con un excepcional conjunto iconográfico, a la plaza del mismo nombre.La más moderna de las construcciones del Obradoiro (finales del siglo XVIII) es el Pazo de Raxoi, un compacto edificio neoclásico que actualmente comparten el Ayuntamiento de Santiago y la Presidencia de la Xunta de Galicia. Fue edificado por mandato del arzobispo Bartolomé de Raxoi y Losada y destaca en su frontón central una minuciosa descripción de la batalla de Clavijo y sobre ésta una gran escultura de Santiago.
El lateral norte de la Praza do Obradoiro lo ocupa el Hostal de los Reyes Católicos, fundado como hospital real y hospedería de peregrinos en el siglo XVI por los Reyes Católicos. Hoy es Parador de Turismo y uno de los hoteles más lujosos de Galicia. Exhibe una rica y variada decoración plateresca en su portada y son notables sus cuatro patios interiores.
Ante las grandes dimensiones del resto de los edificios del Obradoiro resalta el humilde porte y el singular encanto del Colegio de San Jerónimo , que alberga el Rectorado de la Universidad. La portada, una hermosa pieza del románico tardío, procede de un viejo hospital.
Cierra por último el Obradoiro, el Pazo de Xelmírez , (Palacio de Gelmírez) construido entre los siglos XII y XIII y considerado como la obra más notable del románico civil en España. La sobriedad de sus exteriores puede hacer ignorar injustamente un interior de espléndidas piezas románicas, como las bóvedas del refectorio, decoradas con escenas de un festín medieval.
Sin salir de la plaza, desde la terraza exterior del Hostal, se puede contemplar, a la vez que la típica Rúa das Hortas, la Iglesia de San Fructuoso, templo barroco del siglo XVIII en cuya cornisa llaman la atención cuatro esculturas que representan la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza.
Antes de encaminarse hacia la Plaza de las Platerías, es aconsejable acercarse a el Colegio de Fonseca , junto a la pequeña y fresca plaza del mismo nombre. Acoge la Biblioteca de la Universidad y destaca su portada renacentista y su claustro, escenario de exposiciones. Fue sede del Seminario de Estudios Gallegos y del primer Parlamento democrático de la autonomía gallega.
Los gremios medievales de plateros dieron nombre a la Plaza de las Platerías y a la fachada sur de la Catedral, que exhibe la única puerta románica que se conserva. Todavía hoy numerosos establecimientos de joyería animan la plaza que ostenta en su centro una fuente de estilizada línea conocida como la Fuente de los Caballos. Frente a la fuente de las Platerías se levantó la Casa del Cabildo, de estilo barroco, que con poco más de tres metros de fondo tiene una función meramente escenográfica, cerrar uno de los lados de la bella plaza.
La majestuosa Torre del Reloj o Berenguela levanta sus más de 70 metros de altura mirando simultáneamente hacia Platerías y hacia la Plaza de la Quintana. Sobre una base gótica, Domingo de Andrade realizó en pleno barroco su obra cumbre tallando profusamente sus paredes. En lo alto, la torre cobija la campana Berenguela, que marca el discurrir del tiempo Compostela con su tañido denso y potente, y la linterna que guiaba a los peregrinos, que se enciende en los Años Jubilares y ocasiones señaladas.
Sin la majestuosa solemnidad del Obradoiro, la Plaza de la Quintana es más impresionante aún por su desnudez pétrea. Punto de cita ineludible, es un espectáculo de luces y sombras, de día y de noche. Dividida en dos planos, la parte de abajo se conoce como la Quintana de Mortos y la de arriba como Quintana de Vivos. En ella se sitúa el Pórtico Real, lugar de salida de las procesiones litúrgicas, y la célebre Puerta Santa, abierta únicamente los años de jubileo.
El frente sur de la plaza lo ocupa la Casa de los Canónigos o Casa da Conga, obra también de Domingo de Andrade rematada por Casas y Novoa (siglo XVIII), que destaca por sus monumentales chimeneas y acoge en sus soportales agradables cafeterías. Frente por frente, del otro lado de la plaza, en la Quintana de Vivos, llama la atención por su exuberante decoración vegetal la Casa de la Parra.
El desconcertante, por su desmesura genial e inquietante, muro del benedictino Monasterio de San Paio de Antealtares (San Pelayo de Antealteares) cierra la Plaza de la Quintana por su lado este. Esta pared casi infinita a la que se asoman 48 ventanas enrejadas como en una llamada silenciosa, es la admiración de arquitectos de todas las épocas. A sus pies, un inacabable asiento de piedra siempre concurrido recoge los últimos rayos del sol vespertino.
Siguiendo el contorno de la Catedral, a través del estrecho callejón de la Travesía de la Quintana se accede a la fachada de la Inmaculada o Acibechería (Azabachería) en la calle del mismo nombre, el del célebre gremio de los joyeros que trabajaban y siguen trabajando este hermoso fósil. De factura barroca y neoclásica, resulta modesta en contraste con el Monasterio de San Martiño Pinario que enfrente, refleja el poder que alcanzó en tiempos la orden benedictina llegando a competir con la Catedral y con la propia Inquisición.
Destacan su fachada oeste y sus gárgolas de fantasía así como los claustros interiores. La rehabilitada Iglesia de San Martiño Pinario es abrumadora por sus dimensiones y posee ricos retablos. A su fachada se llega a través de las calles más recónditas de la ciudad, Campás de San Xoán y Moade Vella, para admirar unas sorprendentes escaleras que se retuercen sobre sí mismas.
Pero tras el turismo y los ritos religiosos, es hora de practicar el pecado de la gula. Todo el centro de Santiago –y hasta las afueras- están plagados de restaurantes, tascas, tabernas, pulperías y otros establecimientos parecidos, en los que disfrutar de suculentos lacones con grelos, potes gallegos, mariscos de todo género y bandejas de madera atestadas de “pulpo a feira”. Todo ello bien regado con albariños o ribeiros.
Si la Rúa do Vilar es la calle a la que acuden los peregrinos con su credencial bien sellada para recibir la “Compostela” –el certificado que garantiza su esfuerzo en el Camino- la paralela Rúa dos Francos, que va de la catedral a la caballería de Santa Susana, es un especie plagado de terrazas en el buen tiempo, y por tanto uno de los puntos de mayor ebullición de Santiago. Otro tanto sucede en la Rúa da Raiña.
Si lo que se busca es algo más que "picar" a base de raciones, es obligada la visita a sus casas de comidas, mesones y marisquerías de la zona. La cercanía con el mar hace que sea uno de los más recomendables destinos para disfrutar del marisco, estandarte de la buena mesa del lugar, cuyo epicentro es el mercado de Abastos.
Imprescindibles, por ser manjares autóctonos, son las zamburiñas, los santiaguiños y el pulpo cocido, regado con aceite y espolvoreado de pimentón, casi siempre picante. ¡Ah! Y no hay que olvidar los cachelos, las suculentas y migosas patatas gallegas por excelencia.
Dicen que un buen menú en Compostela tiene que comenzar con un primer plato a la altura: el caldo gallego, compuesto de alubias blancas, patatas, grelos o berzas cocinados con manteca de cerdo ahumada.
Y para rematar un espléndido menú, no pueden obviarse su extensa selección de aguardientes y orujos, además de la genuina Tarta de Santiago, un canto a la almendra.
Pero trate de hacer un hueco, antes de dar por finalizada la comida, para probar alguna variedad de los quesos de la zona. El más conocido y probado es el de tetilla, de sabor suave e inconfundible forma.
En 2008, se contabilizaron 125 .141 peregrinos llegados a través del Camino. Las estadísticas son de la responsabilidad de la archidiócesis local a través de la Oficina del Peregrino (Rúa do Vilar ,1).
Otros 21.143 optaron por la bicicleta y 290 llegaron a caballo. Los que usaron los más cómodos e impersonales medios de transporte, como coche, autobús, tren o avión se contabilizaban en millones.
Y una parte de esos esforzados viajeros optaron por prolongar la ruta unos pocos de kilómetros más para llegar al Finisterre, en la Costa da Morte, donde desde tiempos remotos hubo peregrinaciones ajenas al catolicismo. Aquel era el último reducto de la tierra conocida en la época medieval, y por tanto era la causa de muchas leyendas y ritos paganos.
Hoy, Santiago es una ciudad moderna, con más de 105.000 habitantes, en donde la ciudad vieja o zona monumental, se fusiona con el ensanche o zona nueva. Es sede del Gobierno Gallego y pilar universitario de la región, con sus más de 35.000 estudiantes. Gran recepcionista de congresos y convenciones, Santiago cuenta con el Auditorio de Galicia y el moderno Palacio de Congresos y Exposiciones, un recinto funcional y versátil con capacidad para 2.100 personas. Un moderno parque empresarial, el Polígono del Tambre, a 10 minutos del centro, acoge a sus principales industrias y empresas.
Las fiestas más importantes de Santiago de Compostela son, sin duda, las que giran en torno al día 25 de julio, Día de la Patria Galega y Día del Apóstol Santiago. Durante la última quincena del mes se mezclan la fiesta popular, la religiosa y la política. El Ayuntamiento organiza un amplio programa cultural y de ocio que incluye exposiciones, representaciones teatrales, espectáculos callejeros y conciertos de todos los géneros musicales.
En las plazas del Obradoiro y de la Quintana se instalan escenarios que acogen gran parte de las representaciones. La noche del 24 de julio, víspera del día grande, se realiza un impresionante espectáculo de fuegos artificiales en la Plaza del Obradoiro. La ceremonia religiosa más solemne es la ofrenda del Rey al Apóstol, el día 25, durante la cual funciona el célebre Botafumeiro.
La otra gran fiesta local es la de la Ascensión; se celebra en mayo o junio, sin fecha fija, y dura una semana. Estos festejos son extraordinariamente animados gracias, sobre todo, a la participación de los estudiantes. Se celebran conciertos, verbenas, pasacalles, la feria de ganado y, por supuesto, misa en la catedral durante la cual se utiliza el Botafumeiro.
A finales de febrero o principios de marzo se celebra en toda Galicia el Antroido (carnaval), de gran arraigo popular, que se distingue en Santiago por la participación de los barrios.
La Semana Santa, en marzo o abril, cuenta con algunas procesiones de especial interés, como la Procesión do encontro (del encuentro), el viernes santo, y la de os caladiños (los silenciosos).
Las manifestaciones multitudinarias de fervor se reservan en Galicia para las romerías, que suelen ir acompañadas de verbenas y bailes. Las más populares de Santiago son la de San Lázaro, el 17 y el 18 de marzo, y las de San Marcos y San Pedro Mártir, el 24 y el 29 de abril, respectivamente.